Periodismo de profundidad

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Dineros, investigación y mucho licor

Alejandro Ordoñez Maldonado.            Foto /Edison Sánchez
Gilsan Quintero

En días anteriores, una visita realizada a la Universidad de Manizales por el Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez, fue motivo de polémica en las instalaciones de dicho plantel educativo. Ordoñez se refirió -entre muchas de las afirmaciones que hizo- a las investigaciones que éste ente adelanta, contra los funcionarios al mando de la Industria Licorera de Caldas por presuntos incumplimientos en la presentación de los estados financieros. Así como también habló del proceso que se adelanta contra la Gobernación  de Caldas, por supuestas irregularidades en el traslado de excedentes financieros.
   Supuestamente esta entidad hizo un giro de más de $33.700 millones, excediendo el cupo límite en más  de 10.000 millones, violando las normas generales y transfiriendo recursos superiores a su capacidad de caja y sostenibilidad. Para el caso de la Licorera, se dice, que ésta efectuó transferencias a nombre de la Gobernación por el concepto de anticipos de unas utilidades en más de una oportunidad, lo que también es objeto de indagación por parte del Ministerio Público.
   Aparte, están las investigaciones que se adelantan al ex dirigente de la Industria Licorera de Caldas Manuel Alberto Soto Salazar, quien es investigado por presuntas irregularidades en el envió de 2000 mil cajas de licor al departamento de Córdoba en el año 2007. Al parecer importa muy poco a los diferentes organismos del Estado como: La Procuraduría General de la Nación y el Ministerio público, que ya desde hace mucho tiempo se presentan descontentos y perdidas en los recursos que deberían ser destinados para el bien social en el Departamento de Caldas.
   Hasta el momento, en estas investigaciones fueron vinculados el gerente general de la Industria Licorera de Caldas, el Gerente Financiero, el Gerente Administrativo, Algunos supervisores implicados en un contrato suscrito en el año 2008 y que también presenta anomalías, los gerentes de la marca de Aguardiente y el Jefe de Ventas Nacionales e Internacionales; así como el Gobernador del departamento, la Secretaria de Hacienda, el Secretario de Planeación y el Jefe de Presupuesto. No se salva nadie.
   Las expectativas se encuentran en el ambiente, por el momento, mientras la población del departamento está a la espera de que a estos malos funcionarios se les castigue como es debido y que no pase como está acostumbrado en esta región: se enriquecerse sólo unos pocos ,y los sectores de mucha importancia sin recursos para sostenerse. En el caso de Caldas, es el sector de la salud y la educación, son los que se ven más afectados, pues los dineros que salen del vicio (licor) y que supuestamente deben ser destinados a ellos, se escurren por coladeras sin fondo.
  Supuestamente, los pobladores de esta enmarañada región están en desacuerdo con lo sucedido, pero no es un caso nuevo. La corrupción aquí se extiende con libertad, pero nadie dice nada.
  

Lo que no pudo Uribe

Álvaro Uribe Vélez en Medellín, durante un homenaje que le hizó su pachamama el 16 de julio  de 2010.     Foto/Edison Sánchez

Edison Sánchez

Ya sabemos que antes de que Uribe se estableciera en la Casa de Nariño, el país pasaba como un Estado fallido ante los ojos omnipresentes de Estados Unidos. Sin embargo, una vez posesionado como Presidente y puesto en marcha el proyecto de “seguridad democrática”, Colombia se convirtió en un Estado viable.

Conocemos también, que tras el final de estos ocho años de régimen, tanto la rama legislativa como la judicial, se vieron afectadas por las políticas y decisiones del ex presidente. La idea de cambiar a su beneficio la “Constitución, debilitar el congreso y declararle la guerra a la Corte”, fueron los detonantes de una funesta desinstitucionalización del Estado colombiano.

Un gobierno exitoso contra la guerrilla de las Farc, amigable con los Paramilitares e indiferente con los medios de comunicación, fue la constante durante ocho años de intensa lucha. No hay que negar que Uribe intentó hasta el cansancio por defenderse del terrorismo, conquistar el corazón de los colombianos gracias los populosos “320 consejos comunales” y lograr una buena imagen del país hacía el exterior, pero en ese trasegar, cometió errores garrafales que finalmente le tocó enfrentar.

Pero lo que no pudo Uribe, fuera de no hacer una presidencia honorable, fue erradicar a la oposición o al menos silenciarla para continuar con su labor de desbaratar la constitucionalidad. Sus tres huevitos (Seguridad democrática, Confianza inversionista y Cohesión social), se vieron chapoteados por la cantidad de lunares que dejaron coleando su gobierno.

Y es que aunque tuviera a su favor la gran mayoría de parlamentarios en el Congreso, llevara debajo del brazo a “cuatro millones que firmaron el referendo”, un “75% de popularidad” en las encuestas al final de su segundo periodo, miles de personas vinculadas a “familias en acción” y un puñado de lagartos entre ellos Sabas Pretelt, Diego Palacio y Fabio Valencia Cossio, no consiguió lo que quería. ¿Por qué? Porque había senadores, periodistas e instituciones autónomas y comprometidas en realizar una oposición argumentada eamparada por  la Constitución.

Prueba de ello, la Corte Constitucional, en una magnifica decisión, tumbó el proyecto reeleccionista que por segunda vez consecutiva permitiría la elección de un presidente, por lo que los sueños de la gran industria del “todo vale”, de los “falsos positivos”, de las “chuzadas del DAS”, del escándalo de “Agro Ingreso Seguro” y de los “decretos de emergencia social” terminaron el 07 de agosto de 2010.

Gracias a periodistas como Daniel Coronell y Antonio Caballero, senadores como Gustavo Petro y Piedad Córdoba, el mismo partido Liberal, algunos medios de comunicación como la revista Cambio y la mismísima Corte Constitucional, permitieron que éste neopopulista ‘criollo’ terminará su periodo como presidente de Colombia y dejara la olla podrida en manos del gobierno de Santos. Solo queda esperar a que el tiempo lleve las investigaciones por el camino de la verdad y conocer quién dio la orden desde la Casa de Nari”y terminar de matar así  la culebra de la narco-para-política.

Por la paz mundial: gays al ejército

Carlos Mario Vallejo

Resulta muy rayano a la perogrullada seguir regando ríos de tinta en este debate tan desbordado, para favorecer la reivindicación de los derechos de las parejas del mismo sexo, pues no hay contradictor que pueda sostener un discurso inteligente que niegue el derecho a cualquiera a una institución eminentemente civil como es la matrimonial y la consiguiente adopción de hijos.
   No hay más, entonces, que echar mano del humor y del irrespeto franco de las ideas cavernícolas de quienes segregan. Aunque desde luego nadie debe escapar de ser objeto de burla y ataque. Contra los ‘gays’, contra los ‘heteros’, contra los ‘homofóbicos’, contra los abstinentes, contra los asiduos. Burlas para todos, que somos poca cosa, pues basura es todo, y el matrimonio, lo más. De modo que cualquiera tiene el derecho a inscribirse en esta institución escombrera.
Mas es la burla de la persona simplemente, mero eslabón de la historia, ente efímero, el desecho, la materia de burla que somos todos, sin excepción. Pero la condición sexual es cosa aparte, cuestión que no quita ni pone y cuya burla equivale a mofarse de un negro o de quien respira mucho por la boca…simplemente no viene a cuento.
   Burla indiscriminada de toda la sociedad es una solución atractiva. Como la gran idea para conseguir la paz mundial, de Ignatius Reilly, el protagonista de la inigualable novela La conjura de los necios, del autor estadounidense John Kennedy Toole. La de Reilly era una propuesta excéntrica pero con noble fin y que considero el tono adecuado para esgrimir el discurso reivindicatorio y sesudo con que nos han conmovido posiciones como las del legendario Harvey Milk y los álter ego que le han sobrevenido. Consistía en la vinculación de todos los gays a los ejércitos de sus países, pues así "no dejarían de andar de farra y desfogue, con lo cual se podría poner final a las guerras y dar un gran paso a consolidar la paz en el mundo".
Pero la realidad sí que se opone a la sátira este ingenioso antihéroe y sus utopías de trasfondos ácidos en su visión crítica.
¡Calor de toda mierda!, el consenso parece ser escribir lo que quieren escuchar que escribamos en aras de la corrección. Y entonces hay que ver el comportamiento artificioso de quienes opinan por escrito y en discuciones académicas de este corte: echan mano de la constitución, exigen a grito herido equidad, se rasgan los trapos en pro de la inclusión y la tolerancia, condenan ceñudamente a homofóbicos, hieráticos, dogmáticos, fundamentalistas.
    Pero en su estado natural, en sus círculos amistosos donde actúan con naturalidad, donde los ídolos pasan a ser virilidad, dinero, promiscuidad, machismo, o la muy alabada ‘viveza’ (mejor si es con dejo antioqueño).
Son estos mismos que se fingen civilizados, comprensivos, librepensadores, los que por ejemplo, y voy al anecdotario, en una salida grupal de un equipo deportivo masculino: alabaron mujeres bellas y famosas que en otras ocasiones han desdeñado por vacías, inflaron pecho contando anécdotas machistas y promiscuas, se burlaron de la condición amanerada de un compañero ejecutando mohines despectivos, contrataron y ‘pordebajearon’ prostituta, ridiculizaron al denominado ‘tonto’ del grupo, se perfilaron como los avispados de su círculo social, tomaron más que el otro, y por consiguiente se consolidaron como menos ‘niñas’, más machitos.
    Es obvio que este discurso es mal visto sit bien glorificado. Así que la connotación de “perversión hispano burguesa”, con que calificó al homosexualismo el majadero de Pavlov con su conductismo trasnochado, sigue y me temo que seguirá en la turbia conciencia de la cultura de nuestro país.

El diablo político de occidente




Felipe Motoa
 
El diablo es nada menos que una figura retórica minuciosamente construida por la iglesia y las morales religiosas. El uso que hoy le dan personas que todavía  creen en la mística de sus existencias es menos peligroso que la adecuación  que de ese ser fantástico han hecho gobernantes, políticos y fundamentalistas para justificar sus acciones o señalar a sus enemigos de causa.
   Bien sugiere Simon Pieters en su texto Diabolus que los mecanismos imaginarios de ciertas disciplinas mágicas se mantienen tal como eran hace diez o doce mil años. No mucho han variado las creencias en seres sobrenaturales capaces de regir el destino de la humanidad, en una suerte de nominaciones donde el dios judío-cristiano tiene analógicamente la misma posibilidad de ser que Satanás. No es menos imaginativo e imposible de existencia un dios por el hecho de encarnar el bien, pues tiene la misma connotación quimérica que del mal se hace con el demonio. La fe es creer en lo que no está, en lo que no existe, dice Nietzsche, y con seguridad el hombre es demasiado crédulo, más de lo que debería.
   No es un afán racionalista el que mueve este comentario hacia el intento de deslegitimar la existencia tanto de dios como del diablo, sino un interés práctico y reflexivo sobre la inconveniencia de utilizar estos seres mitológicos en una sociedad, que a juicio personal, debería eliminarlos. Creer en el hombre puede ser necio, pero no más necio que creer en cosas que no están.
   Leer a Denis Rougemont cuando señala que Hitler es la encarnación del mal supremo o anticristo, no es más que leer una expresión retórica de incapacidad humana de aceptar que el hombre puede ser excesivamente malo por cuenta propia; es defenderlo y otorgarle una justificación metafísica y quimérica a sus actos. Esa es una cara de la moneda.
   La otra cara no es menos alentadora. Cuando se escuchaba a George W. Bush enarbolando las banderas de la democracia y la justicia, asegurando que Osama Bin Ladem era la propia encarnación del demonio y viceversa (en la respuesta que desde oriente medio se da a la expresión de Bush), no puede uno menos que echarse a reír o a llorar. Adjetivar al otro como demonio, no es muy distinto que deshumanizarlo, que desprenderle de su dignidad de persona, y así excusarse de cometer cualquier barbaridad. Bien lo hicieron los paramilitares cuando en sus masacres justificaban sus actos, aseverando que el guerrillero es un animal, argumentando que en esas condiciones sus asesinatos no revestían problema, pues acababan con una peste, le hacían un bien al país.
   Hoy más que nunca, a la luz de ejemplos como los de George Bush, entra como anillo al dedo la postura de Freud, cuando indicaba que las masas se mueven por sugestión. Sugestión de tener el demonio entre nosotros, de diablos de dos patas. Así, con ese afán de fantasear y no creer que es el hombre mismo el único culpable de sus desgracias, no se puede llegar a nada. La religión y el satanismo son iguales, en su condición de mentira.