| Álvaro Uribe Vélez en Medellín, durante un homenaje que le hizó su pachamama el 16 de julio de 2010. | Foto/Edison Sánchez |
Edison Sánchez
Ya sabemos que antes de que Uribe se estableciera en la Casa de Nariño, el país pasaba como un Estado fallido ante los ojos omnipresentes de Estados Unidos. Sin embargo, una vez posesionado como Presidente y puesto en marcha el proyecto de “seguridad democrática”, Colombia se convirtió en un Estado viable.
Conocemos también, que tras el final de estos ocho años de régimen, tanto la rama legislativa como la judicial, se vieron afectadas por las políticas y decisiones del ex presidente. La idea de cambiar a su beneficio la “Constitución, debilitar el congreso y declararle la guerra a la Corte”, fueron los detonantes de una funesta desinstitucionalización del Estado colombiano.
Un gobierno exitoso contra la guerrilla de las Farc, amigable con los Paramilitares e indiferente con los medios de comunicación, fue la constante durante ocho años de intensa lucha. No hay que negar que Uribe intentó hasta el cansancio por defenderse del terrorismo, conquistar el corazón de los colombianos gracias los populosos “320 consejos comunales” y lograr una buena imagen del país hacía el exterior, pero en ese trasegar, cometió errores garrafales que finalmente le tocó enfrentar.
Pero lo que no pudo Uribe, fuera de no hacer una presidencia honorable, fue erradicar a la oposición o al menos silenciarla para continuar con su labor de desbaratar la constitucionalidad. Sus tres huevitos (Seguridad democrática, Confianza inversionista y Cohesión social), se vieron chapoteados por la cantidad de lunares que dejaron coleando su gobierno.
Y es que aunque tuviera a su favor la gran mayoría de parlamentarios en el Congreso, llevara debajo del brazo a “cuatro millones que firmaron el referendo”, un “75% de popularidad” en las encuestas al final de su segundo periodo, miles de personas vinculadas a “familias en acción” y un puñado de lagartos entre ellos Sabas Pretelt, Diego Palacio y Fabio Valencia Cossio, no consiguió lo que quería. ¿Por qué? Porque había senadores, periodistas e instituciones autónomas y comprometidas en realizar una oposición argumentada eamparada por la Constitución.
Prueba de ello, la Corte Constitucional, en una magnifica decisión, tumbó el proyecto reeleccionista que por segunda vez consecutiva permitiría la elección de un presidente, por lo que los sueños de la gran industria del “todo vale”, de los “falsos positivos”, de las “chuzadas del DAS”, del escándalo de “Agro Ingreso Seguro” y de los “decretos de emergencia social” terminaron el 07 de agosto de 2010.
Gracias a periodistas como Daniel Coronell y Antonio Caballero, senadores como Gustavo Petro y Piedad Córdoba, el mismo partido Liberal, algunos medios de comunicación como la revista Cambio y la mismísima Corte Constitucional, permitieron que éste neopopulista ‘criollo’ terminará su periodo como presidente de Colombia y dejara la olla podrida en manos del gobierno de Santos. Solo queda esperar a que el tiempo lleve las investigaciones por el camino de la verdad y conocer quién dio la orden desde la Casa de Nari”y terminar de matar así la culebra de la narco-para-política.
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